La campaña municipal de tala salvaje del arbolado levanta a vecinos y ecologistas

En la vida hay diferentes tipos de prioridades: están las personales, esas de las que obtienes beneficios en primera persona. ¡Siempre y cuando no perjudiques a terceros, claro! Y luego están las otras, las que benefician o perjudican a un colectivo y que se hacen llamar “comunes”, “públicas”, “generales”… Estas últimas se supone que van en beneficio de la comunidad y que repercuten directamente a la subsistencia y/o supervivencia del individuo y a su conjunto.

Nos encontramos en estos últimos meses, que nuestro pueblo está siendo víctima de una inusual serie de decisiones desacertadas que a nadie le gustan, ESTÁN ACABANDO CON NUESTROS ÁRBOLES, un menoscabo y descarado agravio preocupante, muy preocupante del entorno vegetal de nuestra comunidad. Heme aquí, que conjeturando entre las opiniones más sentimentales de las redes, donde en plena ebullición de enfrentamientos dialécticos entre detractores y defensores de lo absurdo, uno se pone a pensar qué leches está pasando en este jodido pueblo.

Ya se van escuchando voces “ezos alboles eshan musha mierda”, otros “po yo zoy alergelico y no pueo respirar” dicen algunos, que quizás por ignorancia o simplemente porque estas son las excusas que les pone el sabio de turno de este, nuestro ayuntamiento, se atreven a poner puertas a la naturaleza. Como si el aire fuese patrimonio exclusivo del homo sapiens y decidimos para nuestra desgracia, donde o no puede vivir un ser que depende de nuestra cordura, y que además, para más inri, nos aporta oxígeno y frescor a cambio de nada. Si ya lo decía mi abuela: ‘la ignorancia es muy atrevida’.

En este cúmulo de catastróficas desdichas hace que poco a poco nos estemos quedamos sin vegetación: «¡zi hombree, zi loh naranjoh zon mu bonito niño, y no eshan tanta mierda!». Ante estos argumentos, más los de los “expertos”, esa clase de individuos privilegiados que se “expertan” en algo para decir lo que está bien y lo que está mal, resulta que aconsejan eliminar, sí, sí, eliminar, no cambiar o llevar o aprovechar; no, no, ELIMINAR. Unos magníficos y sanos árboles de TIPUANA TIPU, unos bellos ejemplares famosos y que curiosamente viven en perfecta armonía en infinidad de avenidas, plazas, calles, parques de multitud de ciudades. Pues resulta que aquí, es este jodido pueblo los eliminamos por orden de …¿QUIÉN? ¿Qué brillante cabeza pensante decide ELIMINAR estos hermosos árboles que dan frescor, sombras, cobijo…para sustituirlos por unos naranjos? ¿Qué me he perdido entre la evolución del homo y el ahora?

Y dirán algunos: «¡Po ezque no podía apalcá! ¡po yo tenia que barré musho con la mielda de lah flores!»
Alma de cántaro, si el pavimento está en mal estado coge a unos expertos, ¡¡¡pero los de verdad!!! y los pone usted a trabajar para arreglar el pavimento sin matar la vegetación. ¡No parece complicado!

‘Pa mear y no echar ni gota’, pues sí, este es nivel culturalsociomedioambiental que tienen entre manos unos pocos bufones que se dedican a calentar sillones en su perpetuidad, en este triste y penoso ayuntamiento, y que no sirven nada más que para eso, para bufonear, para tomar importantes decisiones sin tener pajolera idea ni saber ver realmente la repercusión atmosférica de la especial climatología de nuestro enclave, y que nos afecta a todos y a todo un pueblo.

¿Y ahora qué? ¿Ahora qué hacemos? Ahora en un alarde de cobardía se llevarán unos días tirando balones fuera, escondiéndose tras las falsas excusas que ponen en boca de sus vecinos, a ver si hay suerte y se nos olvida ya el puto temita de los arbolitos. Más que nada para que no les acusen de incompetentes e inútiles, más que nada para que no les digan a la cara ¡OS ESTÁIS CARGANDO ALCALÁ!.

Tenemos pues a la vista en nuestra bonita ciudad, un caluroso verano sin sombra donde cobijarnos. Cuando el astro rey apriete los dientes y nos regale los 45 grados a la sombra, ponga usted su cochecito bajo un naranjito y ya me cuenta. Ahhh ¿que allí no vive nadie del consistorio? Vaya…

Quizá peque de grotesco e insensato, quizá esté equivocado y sea mejor tener pequeños arbolitos que no me echen mierda en la puerta, quizá un tronco de 10 ó 25 metros de altura con una amplia copa y fresca que baje algunos grados, no sea suficiente para haberles dado otra vida a estos magníficos ejemplares. Quizá erre en querer ver preciosas calles llenas de verdor y vida, quizá me confunda al querer que Alcalá pretenda ser más limpia y oxigenada, puede ser que yo esté equivocado, quizá pido mucho al pensar que mis hijos puedan crecer en zonas urbanas bellas por su increíble y maravillosa arboleda.

Ahora queridos vecinos, disfruten lo votado (como se suele decir) que a mí también me han jodido.

ARTÍCULO DE OPINION de Carlos Calero

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