La manifestación convocada este viernes por Adelante Andalucía para reclamar un transporte público digno en Alcalá de Guadaíra terminó dejando una imagen muy alejada del malestar que, a diario, expresan numerosos vecinos y vecinas a través de quejas, denuncias y comentarios en redes sociales y medios locales.
Pese a que el deficiente servicio de transporte es una de las reclamaciones más repetidas por la ciudadanía, la convocatoria apenas logró reunir a unas 30 personas, una cifra que pone de manifiesto la escasa capacidad de movilización social en torno a una problemática que afecta a miles de alcalareños.
Durante la protesta, organizada por Adelante Andalucía, la diputada alcalareña de Begoña Iza denunció la «falta» de transporte urbano e interurbano en autobús, que, según ha criticado, «son los mismos que hace 40 años». Además, ha exigido soluciones a Ayuntamiento y Junta ante este problema. su juicio, los vecinos dependen principalmente de los autobuses Casal, que ha descrito como «una tortura» y un «problema cotidiano».
A esta concentración se sumó también un grupo de 10 vecinos y vecinas de la Plataforma por la Mejora del Transporte, que acudieron con pancartas para respaldar una reivindicación que consideran “justa y necesaria”. Desde la plataforma vecinal quisieron agradecer públicamente el apoyo recibido y la iniciativa política de la formación convocante: “Gracias de corazón a todos los vecinos y vecinas que acudisteis. Esto no va de unos pocos, va de todos. También queríamos agradecer a Adelante Andalucía por tomar la iniciativa y darle voz a nuestras reivindicaciones. Esto solo ha empezado. Y lo tenemos claro: si no nos escuchan, chillaremos… y si no nos escuchan, chillaremos más. ¡Seguimos en la lucha!”
Sin embargo, más allá del mensaje combativo de los asistentes, la realidad es que la protesta dejó una conclusión evidente: la ciudad no respondió.
La baja asistencia contrasta con el volumen de críticas constantes hacia el transporte público en Alcalá y vuelve a abrir el debate sobre una cuestión incómoda: muchos vecinos se quejan, pero pocos dan el paso de salir a la calle para exigir soluciones.
La reivindicación sigue siendo legítima y urgente, pero la movilización de este viernes demostró que, por el momento, el descontento ciudadano no se traduce en presión real en las calles.
































