La comparsa de Ramón Zamudio firmó una actuación sólida y muy bien armada para cerrar la noche, dejando claro que el grupo llega al Falla con las ideas claras y un trabajo serio detrás. Desde el primer acorde de la presentación, con ese guiño tan bien traído a la mítica ‘Entre rejas’, el tipo de presidiarios funciona y conecta: culpables, sí, pero del “delito” de seguir cantando coplas a Cádiz. Una metáfora reconocible, valiente y muy comparsera.
La presentación suena de auténtica categoría, con un grupo compacto, potente y afinado, que transmite seguridad y oficio. Se nota el cuidado en la interpretación y en los matices, algo que se agradece especialmente en un repertorio que apuesta por el mensaje.
En pasodobles, la comparsa mantiene coherencia con la idea planteada desde el inicio. El primero refuerza el discurso de resistencia y compromiso con el cante, con versos que reivindican cantar “sin miedo” frente a quienes intentan cerrar puertas. Aunque incide en la misma línea de la presentación, lo hace con honestidad y convicción. El segundo pasodoble, sin embargo, eleva el nivel del repertorio, abordando con acierto y claridad el desconocimiento de una parte de la juventud sobre el Franquismo, una letra necesaria que cala por su contenido y por cómo está contada.

Los cuplés, bien rematados, juegan con inteligencia la idea de la Transición, dejando guiños bien medidos a Juan Carlos I y Tejero, provocando la sonrisa cómplice del respetable sin perder el tono del repertorio.
En definitiva, una comparsa seria, bien cantada y con un mensaje reconocible, que confirma el buen momento del grupo y deja muy buenas sensaciones. Alcalá de Guadaíra vuelve a demostrar que tiene voz propia en el COAC y que sabe defenderla con argumentos, coplas y personalidad.













