Un pleno eterno, sin pulso ciudadano y convertido en escaparate electoral
El Pleno ordinario de junio de Alcalá de Guadaíra fue de esos que explican por qué una parte de la ciudadanía se aleja cada vez más de la política local. Más de cuatro horas y media de sesión, desde las siete de la tarde hasta pasadas las once y media de la noche, para dejar una sensación difícil de disimular: mucho tiempo consumido y muy poco contenido de verdadero interés para los vecinos.
La sesión avanzó entre intervenciones interminables, reproches cruzados y discursos más propios de un mitin electoral que de una sesión de trabajo municipal. Con las elecciones municipales ya en el horizonte, algunos grupos de la oposición parecieron entender el Pleno como un escenario perfecto para posicionarse ante las urnas, utilizando cada turno disponible para lanzar mensajes políticos y desgastar al equipo de gobierno.
El resultado fue un debate que se hizo largo, pesado y progresivamente desconectado de la realidad de quienes estaban al otro lado de la pantalla. La retransmisión a través del canal de YouTube del Ayuntamiento llegó a registrar momentos con apenas cuatro espectadores conectados, es decir, de cada 20.000 alcalareños solo 1 vio el Pleno. Una imagen que debería hacer reflexionar sobre la utilidad de un formato que, en lugar de acercar la institución a los ciudadanos, parece estar alejándolos.
Porque el problema no es solo la duración. Es la sensación de que el Pleno se ha convertido en un escenario donde importa más ocupar minutos que aportar soluciones. Mientras las intervenciones se alargaban, los asuntos verdaderamente relevantes para la ciudad fueron escasos, aunque sí salió adelante una medida con repercusión directa para el tejido económico local: la aprobación de un crédito extraordinario que permitirá financiar cerca de 180 subvenciones destinadas a pequeñas y medianas empresas de Alcalá de Guadaíra, una propuesta impulsada por PSOE y Andalucía por Sí. Una iniciativa que, más allá del debate político, supone un respaldo a numerosos negocios del municipio.
La oposición centró buena parte de sus críticas en que el Gobierno municipal llevaba únicamente dos propuestas al Pleno, entre ellas la aprobación de los festivos locales del próximo año: el día de la Feria y la jornada dedicada al patrón. Un argumento político legítimo el de la oposición, pero que terminó perdiendo fuerza entre una sucesión de intervenciones repetitivas, extensas en exceso y debates que poco aportaban al día a día de los vecinos.
Pixelados
El momento más llamativo de la noche llegó de la mano del Partido Popular. En un giro inesperado, abandonó la línea más moderada que suele mantener en todos los plenos y decidió escenificar su protesta por la falta de visibilidad que, según denunció, sufre en los actos municipales. Para ello, varios representantes populares colocaron unos folios delante de sus rostros simulando estar “pixelados”, como metáfora de sentirse ignorados por el Gobierno local.
La puesta en escena logró precisamente lo contrario de lo que pretendía. La imagen provocó risas entre los miembros de la corporación y dejó uno de los pocos momentos de verdadera reacción en un pleno hasta entonces plano y previsible.
También hubo espacio para iniciativas alejadas de las competencias municipales. Algunas mociones planteadas por Vox, relacionadas con asuntos de ámbito nacional, fueron cuestionadas por el Gobierno y sus socios, al considerar que poco tienen que ver con la gestión diaria de una ciudad como Alcalá. Un debate más sobre el terreno político que sobre las necesidades reales de los vecinos.
El pleno terminó, pero dejó una pregunta encima de la mesa: ¿para quién se celebran estos plenos? Porque cuando una sesión dura más de cuatro horas, cuando la audiencia cae hasta cifras mínimas y cuando los protagonistas parecen hablar más para su propia parroquia que para la ciudadanía, algo falla.
El Ayuntamiento necesita debates intensos, sí. Necesita control al Gobierno, oposición y pluralidad. Pero también necesita recuperar la esencia de un pleno municipal: resolver problemas, debatir propuestas útiles y conectar con los ciudadanos. Lo ocurrido ayer fue, más que una sesión política, un largo ejercicio de resistencia que pasó sin pena ni gloria para la mayoría de los alcalareños.









































