Cuando el río baja, aflora un problema que empieza en casa: las toallitas invaden las márgenes del Guadaíra
No hay más que acercarse a la orilla para comprobarlo. Lo que a simple vista podría parecer arena acumulada no es tierra ni sedimento: son toallitas higiénicas. Miles de ellas.
Con la bajada del caudal del río Guadaíra, el paisaje vuelve a dejar al descubierto una escena que se repite desde hace años. Las márgenes aparecen cubiertas por una capa blanquecina que no tiene nada de natural: residuos que nunca debieron llegar al río.
En los árboles y arbustos cercanos al cauce cuelgan restos como si fueran extraños adornos. Algunas toallitas, degradadas por el paso del tiempo, se deshilachan y permanecen enganchadas a las ramas. Una imagen que evidencia que no se trata de un episodio aislado, sino de un problema crónico vinculado a nuestros hábitos cotidianos.
La escena convive con la fauna habitual del entorno. Patos y otras especies continúan moviéndose entre la basura en un ecosistema que, con el paso de los años, se ha acostumbrado a la presencia constante de estos residuos.
Ecologistas llevan tiempo alertando de esta situación. Recuerdan que muchas toallitas —aunque algunas se comercialicen como “desechables”— no deben tirarse por el inodoro. Su acumulación en el sistema de saneamiento termina llegando a ríos y cauces, especialmente cuando las lluvias o los cambios en el caudal arrastran estos residuos.
La imagen que hoy deja el Guadaíra vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda: la contaminación del río no empieza en el agua, sino en los hogares. Un gesto aparentemente pequeño —tirar una toallita al váter— acaba teniendo consecuencias visibles kilómetros después.
Porque cuando el río baja, el problema aflora. Y también la responsabilidad de quienes lo generan.
































