Rafael Portillo presenta Me llamo Soledad en el Riberas del Guadaíra ante un numeroso público y con respaldo institucional.
Rafael Portillo presentó en la tarde de ayer su novela ‘Me llamo Soledad’ en el Auditorio Riberas del Guadaíra, en un acto que reunió a un nutrido público y que se convirtió en un encuentro cercano entre autor y lectores en torno a una obra que está generando una notable expectación. El acto contó con la presencia de varios representantes municipales, entre ellos Abril Castillo, Luisa Campos, Rocío Bastida y José Luis Roldán, además del propio delegado de Cultura, Christopher Rivas.
Christopher Rivas abrió el acto destacando la implicación del autor en el proyecto y la ilusión con la que ha trabajado en esta novela. Rivas subrayó además la importancia de apoyar iniciativas culturales impulsadas por vecinos de la ciudad, señalando que desde la delegación han respaldado y seguirán respaldando este tipo de actividades.
‘Me llamo Soledad’ no es solo una novela, sino como una historia que refleja situaciones vitales con las que muchas personas pueden sentirse identificadas. La obra está teniendo una gran acogida y se encuentra ya entre las novelas más vendidas en la plataforma Amazon.
El autor, con una trayectoria profesional de más de 30 años como productor, editor y cámara de televisión, se adentra ahora en una nueva faceta literaria como novelista, una etapa que el público ha recibido con especial interés. Esta transición ha sido uno de los aspectos más comentados del encuentro, al tratarse de una voz narrativa que llega con una fuerte impronta audiovisual.
Uno de los momentos destacados del acto fue la lectura y comentario de fragmentos de la novela a cargo de Sonia Pantión, quien explicó que la historia está narrada “como si fuera una película”, una característica muy ligada al estilo del autor, formado en el ámbito audiovisual. En este sentido, se puso en valor la mirada visual de Portillo a la hora de escribir.
La novela, estructurada en 44 capítulos, arranca en una Sevilla de invierno, descrita como una ciudad fría y aparentemente dormida, que sirve de escenario para una historia marcada por la emoción, la introspección y la memoria.
Tras la presentación, el autor dedicó ejemplares de su obra a los asistentes en una firma de libros que se prolongó durante varios minutos, cerrando así un acto que combinó literatura, emoción y apoyo institucional a la cultura local.





































