La Noche del Pescaíto, una tradición nacida en Triana entre papelones, freidurías y pan de Alcalá.
Mucho antes de los menús cerrados, las reservas y los catering, la Feria comenzaba con un sencillo gesto: comprar pescado frito y compartirlo en familia o entre amigos. Así nació una de las tradiciones más queridas de nuestra feria y de muchas otras ferias de Andalucía.
La Noche del Pescaíto, que cada año marca el inicio de la Feria, hunde sus raíces en una costumbre popular tan humilde como entrañable. Lejos de los sofisticados preparativos actuales, los primeros feriantes celebraban la víspera de la fiesta con una cena sencilla basada en uno de los grandes símbolos gastronómicos de la ciudad: el pescado frito.
Durante el siglo XIX y buena parte del XX, cuando en el barrio de Triana las casetas eran una extensión natural de los patios y de la vida cotidiana, nadie pensaba en cocinar dentro de ellas. Tras jornadas enteras levantando estructuras, colocando farolillos y preparando el recinto, socios y trabajadores acudían a las freidurías de los barrios para comprar la cena. El pescado, recién hecho y envuelto en papel de estraza, viajaba después hasta las casetas, las casas o los patios donde comenzaba la celebración.
Aquella costumbre convirtió a las freidurías en protagonistas silenciosas del arranque de la Feria. Establecimientos míticos como la Freiduría del Arenal, La Coruñesa en la Campana, Las Gallegas, la freiduría de Antonio en la calle Lumbreras o La Isla, en García de Vinuesa, eran puntos de encuentro imprescindibles en las vísperas festivas.
Entrar en uno de aquellos locales era toda una experiencia para los sentidos. El aroma del aceite caliente se mezclaba con el olor a mar, mientras sobre los mostradores de mármol se exhibían boquerones, chocos, cazón en adobo, acedías, calamares o salmonetes. Los clientes aguardaban pacientemente su turno hasta recibir el esperado cartucho de papel rebosante de pescado crujiente.
Con el papelón bajo el brazo, Sevilla regresaba a sus calles, patios y casetas. La cena se completaba con pan de Alcalá, tomate aliñado, gazpacho fresco y, como colofón, una sandía o un melón enfriados en el pozo. Era una celebración sin artificios, donde el protagonismo recaía en la convivencia y en el sabor de las cosas sencillas.
Con el paso del tiempo, la Feria ha evolucionado y la tradicional cena del pescaíto se ha revestido de mayor formalidad. Sin embargo, el espíritu de aquella costumbre permanece intacto. La Noche del Pescaíto sigue siendo el momento en que Sevilla se reúne para dar la bienvenida a una de sus fiestas más emblemáticas.
Porque, más allá de los cambios, la Feria continúa comenzando de la misma manera: cuando el aroma del pescado frito anuncia que la ciudad vuelve a encontrarse con una tradición que forma parte de su memoria colectiva. Un olor inconfundible que, generación tras generación, sigue diciendo a los alcalareños que la Feria ya está aquí.




































