Alcalá volvió a encender su feria… pero este año sin fuegos
Ayer fue miércoles de pescaíto, el día grande de la ilusión, el que abre oficialmente la Feria de Alcalá de Guadaíra… y empezó con un susto importante: un incendio en una casetilla eléctrica a las seis y media de la mañana dejó sin luz a parte del recinto.
Pero si algo define a esta ciudad es su capacidad de reaccionar. Bomberos, operarios, técnicos, Policía Local… todos unidos para que, antes del mediodía, la feria volviera a latir con normalidad.
Y entonces llegó la magia
Los más pequeños fueron los primeros en llenar el real de sonrisas con un pasacalles lleno de personajes que parecen salidos de sus sueños: La Patrulla Canina, Lilo y Stitch… miradas brillantes, manos pequeñas saludando sin parar, familias disfrutando juntas.
A las doce de la noche, Alcalá se iluminó, este año con Luces LED, más sostenibles, más modernas… y un diseño que sigue contando nuestra historia: el sello actual de la ciudad en el centro y el de la antigua villa a los lados, como si la feria uniera pasado y presente en una misma calle.
Y como siempre, el alma de todo: el pan. Ese pan que da apellido a nuestra ciudad, ‘Alcalá de los Panaderos’, volvió a ser el origen simbólico de la luz. Un gesto cargado de emoción, más aún este año, porque quien lo ha elaborado durante tantos años , la familia Picaso, se despide de esta tradición, dejando paso a nuevas manos que seguirán manteniendo viva la historia.
Y si algo ha marcado esta feria desde el primer día no ha sido solo la luz… sino el silencio.
Por primera vez no hubo fuegos artificiales en la apertura, una decisión tomada para respetar a las personas altamente sensibles y a los animales, que sufren especialmente el impacto del ruido. Una medida que ha sido recibida con opiniones diversas en la ciudad, aunque los fuegos se mantienen en el acto de clausura, donde la tradición seguirá teniendo su espacio.
Otro de los grandes cambios de este año ha sido la puesta en marcha de un nuevo sistema de autobuses lanzadera, gratuitos y con una frecuencia de paso de 15 minutos. Un servicio que ha funcionado como un reloj y que los ciudadanos han agradecido especialmente, facilitando el acceso al recinto y evitando aglomeraciones.
Debate, emoción, recuerdos… y opiniones distintas. Pero al final, como siempre, la feria ha terminado imponiéndose: con gente en las calles, con abrazos esperados, con risas, con reencuentros.
Porque cuando Alcalá enciende su feria… enciende también algo dentro de todos nosotros. 💫





































