Una multitud, especialmente de jóvenes, vuelven a hacer suyo el Real
La Feria de Alcalá de Guadaíra entra este sábado en su recta final dejando una imagen difícil de olvidar: calles repletas de vecinos, casetas llenas de vida y un ambiente festivo que ha acompañado prácticamente cada jornada de una edición que ya puede calificarse como una de las más multitudinarias de los últimos años.
El Real ha vuelto a ser el gran punto de encuentro de los alcalareños. Desde el pasado miércoles, miles de personas han hecho suya la feria, devolviendo al recinto esa sensación de ciudad volcada con sus fiestas que tanto se había echado de menos en algunas ediciones anteriores.
Y buena parte de la explicación hay que buscarla en el cielo. Después de semanas marcadas por temperaturas especialmente elevadas, existía el temor de que el calor pudiera convertirse en el gran protagonista de la feria. Sin embargo, la realidad ha sido muy distinta. El tiempo ha concedido una tregua y las temperaturas, mucho más suaves de lo esperado, han permitido disfrutar de las jornadas festivas con comodidad y sin el desgaste que suele provocar el calor extremo.
Ese factor ha sido determinante para que muchos alcalareños decidieran quedarse en la ciudad durante este puente. En años anteriores, no eran pocos los que aprovechaban estos días para poner rumbo a las playas andaluzas. Esta vez, sin embargo, el destino elegido ha sido el propio recinto ferial.
Especial protagonismo han tenido los jóvenes, que han llenado el Real de energía y ambiente durante toda la semana. Su presencia masiva ha contribuido a generar una imagen de feria vibrante, alegre y participativa, con calles abarrotadas y una sensación permanente de celebración.
Las casetas han registrado una gran afluencia de público, las atracciones han funcionado a pleno rendimiento y el ambiente de convivencia ha sido la nota dominante de una feria que ha transcurrido con absoluta normalidad y sin incidencias destacables.
A pocas horas de que se apaguen las luces y llegue el momento de guardar los trajes de flamenca hasta el próximo año, Alcalá puede presumir de haber vivido una feria que ha superado muchas expectativas. Una feria en la que el buen tiempo, las ganas de fiesta y el deseo de compartir han conseguido que miles de vecinos recuperen una de las tradiciones más queridas de la ciudad.
Porque más allá de los números, esta edición deja una sensación que se repite en conversaciones de caseta en caseta y de calle en calle: la de haber vuelto a disfrutar de una auténtica Feria de Alcalá, de esas que permanecen en la memoria mucho después de que se apague el último farolillo.








































