La resistencia

Pepe Rosauro

Cuando se cruza contigo, tiene aire de poeta maldito, con algún papel bajo el brazo, de andar tranquilo y modales exquisitos.

Es todavía una de las pocas esperanzas que tienen aquellos que no ven salida a esa situación que viven los que se pueden quedar sin techo.

La crisis, ese concepto cabrón que lo mismo sirve para un roto que para un descosido, es el enemigo silencioso al que este caballero hace frente, con las mismas armas que los poderosos, la palabra y la ley.

Su teléfono particular «rula» de mano en mano, de móvil en móvil, cómo última esperanza al margen de los Servicios Sociales.

Ha sido tentado por la política pero ha sabido decir que no, no queda otra, no puedes alterar la naturaleza del ácrata que habita en él.

Me dice que está harto, mientras se dirige con paso cansado a los juzgados a presentar algún papel que pare otro deshaucio, uno de esos que hacen los bancos, junto con los jueces, junto con la ley, junto con la mierda en la que nos metieron. Desaparecieron conceptos como el de «clase media», el gran engaño de los españoles, «gasta lo que quieras que hay pasta para todos», después el 15M, y la madre que lo parió.

Él tiene la solución, como todo visionario, como todo profeta, como todo sabio, pero no le escuchan, como a todo sabio, como a todo profeta, como a todo visionario. Cuenta que había una partida de 300.000€ para vivienda, que el Ayuntamiento intentó utilizar para pagar luz y agua del propio ayuntamiento, mientras, las familias sin techo, luchaban por mantenerlo.

Aún así, ha tejido una red poderosa con los poderosos, le ha llevado el tiempo justo de llegar con la verdad hecha papel, con la ley de la mano.

Estudió física y pasó a estudiar leyes, a hacerse con los procedimientos jurídicos, a hablar con jueces, fiscales y abogados, a convencer a entidades financieras de que otro camino es posible, en ese camino, se intuye, que los menos convencidos son los políticos, quizá por eso huye de ellos.

Pepe camina despacio hacia los juzgados de la Plaza del Duque, otra familia que ayudar, otro molino que es gigante en lontananza.

Otra pelea que ganar.

«Tiras por una calle en vez de otra, y cambia tu futuro. Me pilló en la calle de echar una mano a aquéllos que tenían algún problema que solucionar. ¿Cómo negarse?»

ARTICULO DE OPINIÓN DE Diego Valor.

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